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Una novela Fascinante y un gobierno de novela. Por Pablo Moledo

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“La muerte por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre” dedicado al mejor equipo de los últimos 50 años.

“Al día siguiente nadie murió” es el punto de partida de una novela fascinante de José Luis Saramago, Intermitencias de la Muerte.

En un pequeño y desconocido pueblo la muerte dejó de hacer su trabajo. Enfermos terminales, accidentados y viejos moribundos quedaron en suspenso. Todo quedó en su lugar… ¿Se imaginan una sociedad sin los efectos de la muerte y sus consecuencias sociales esto es; servicios fúnebres en extinción, hospitales colapsados, ancianos sostenidos por sus hijos en tiempo indeterminado que con agobio y pesadez aunque parezca cruel, como lo plantea el libro ( porque aunque pensamos y sentimos tenerlos eternamente, lo cierto es que hay un ciclo natural de la vida que en la profundidad de nuestra existencia entendemos y hasta es necesaria) genera una profunda crisis de valores tanto en hijos como en nietos, enfermos trabajadores forzados a seguir sin licencia y más lejos de poder jubilarse porque el sistema previsional entra en colapso, abandono de los ciudadanos por parte del estado, bolsones de pobreza y hasta nuevos grupos contratados de actividad paralela promoviendo el mercado negro por fuera de la ley para pasar a muertos imperfectos más allá de las fronteras , hasta incluso por fuera de la mafia ( ahora la Maphia) y por supuesto que con la complicidad de la clase dirigente que en cada crisis encuentra un negocio aunque no todos claro, pero al menos del Alcalde para abajo. “ A veces el estado no tiene otro remedio que buscar fuera quien haga los trabajos sucios” J.Saramago

¿Qué tan lejos estamos hoy de esta novela? Quizás sea ésta simple pregunta un buen disparador para pensarnos. La crisis de nuestros jubilados que hoy no llegan a fin de mes y que quizás solo algunos tengan al menos la desgracia de sentirse una carga para sus hijos. Despojados de la dignidad son el bruto espejo de lo que nuestra sociedad hace de ellos y por tanto es. El sistema previsional desgarrado por los organismos multilaterales de crédito. La salud en conflicto permanente, hospitales sin asistencia, remedios inalcanzables y la ausencia de un ministerio de salud (por decisión política) que pueda retornar por la senda de políticas públicas activas, trabajadores precarizados en la informalidad, sin código ni régimen ni licencia que los ampare, más; los trabajadores formales avasallados en sus derechos día a día por la patronal. La pauperización de la población, jóvenes sin horizontes, mano de obra barata en cada esquina para cuanta Maphia que con la complicidad de la dirigencia viran al mercado paralelo agudizando la pobreza, gobierno de pocos y un Estado funcional a ese esquema. Para terminar y por si fuera poco es muy caro morir. Quizás en aquel pueblo la muerte dejó de hacer su tarea para apiadarse de los trabajadores, pero lo cierto es que en el país de Macri está más afilada que nunca y no da tregua. Como siempre estará en nosotros el desafío no de frenar la muerte pero sí este desastre. Porque a fin de cuentas “Si no volvemos a morir, no tenemos futuro” J.Saramago

Pablo Moledo

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