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La solidaridad como respuesta ética por Eduardo Acosta

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En una de las mañanas más frías, de un invierno que recién se inicia, un grupo de mamás, vecinas catequistas y misioneras de la comunidad de Fátima en el Barrio Cuartel II, le hacen frente al frio y a la crisis económica. Desde muy temprano se reúnen en la capilla, sacan los caballetes, las ollas y rápidamente prenden el fuego donde se cocinará el almuerzo para casi 300 personas. Todo está perfectamente organizado, nada se les escapa, ya que mientras una se encarga del cuidado y la cocción de la comida, otras realizan la limpieza y preparan el lugar para recibir a las primeras familias, paralelamente otro grupo busca los recipientes en las casas de los abuelos y abuelas que no pueden salir por el aislamiento. Mientras tanto, la fila no tarda en armarse, hombres, mujeres y niñ@s de todas las edades se hacen presente en la olla popular de Fátima, olla que nace con la crisis allá por mediados de mayo, y en cuyas filas se reflejan la desigualdad y el desamparo de un sistema injusto por naturaleza.
Con el comienzo de una cuarentena mucho más estricta, y con el aumento del número de contagios por coronavirus, el panorama no es muy alentador. Sin embargo, la respuesta de ellas frente a la situación en nuestros barrios, es una respuesta ética, que parte de la reflexión, de la empatía por los que se encuentran al final del camino, o para quienes el camino se volvió cuesta arriba. Reflexión que lleva en sí misma, la acción y el compromiso por los que sufren, de aquellos que se involucran y cuidan con responsabilidad de los que más lo necesitan. Hoy son ellas las que salieron, como aquella mujer que, abriéndose paso entre los soldados y la multitud indiferente, limpia el rostro de Jesús en el calvario. Son ellas las que siempre están y más en los peores momentos, las que se ponen la patria al hombro, a las que el frio y el viento no las acobarda cuando se trata de ayudar, porque históricamente fueron ellas las que se enfrentaron al poder, las que salieron a la plaza y gritaron cuando nadie más lo hacía. Ellas siempre ellas…
Hoy mi agradecimiento y reconocimiento a todas ellas; Irma Urzagasti, Flavia Maldonado, Fernanda Maldonado, Alicia Sotelo, Marisol Sotelo, Karina Gómez, Yesica Gómez, Carolina Aguayo, Raquel Fernández, Beatriz Esquivel, Claudia Fernández, Ever Vera, Martina y Mercedes. También a tod@s los que de manera silenciosa hacen posible que estas familias puedan recibir su almuerzo y colaboran con su tiempo o alimentos.
El almuerzo solidario en la Capilla Nuestra Señora de Fátima: lunes, miércoles y viernes.

profeduardoacosta@gmail.com

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