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En estos días como en aquellos. *Pablo Moledo

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“Estos días como en aquellos, el encierro desespera y las paredes crujen. Los vínculos pesan mucho más, los roces y las peleas con los otros o con uno mismo aumentan, como contracara el encuentro es más profundo aunque sea forzado, nos des-intoxicamos un poco y nos-des-alienamos otro tanto. La ansiedad juega, la cabeza no descansa, las horas y la rutina se desdibujan día a día. Pero vemos el mundo desde otra distancia, se nos mueve la estantería y las estructuras, damos valor a cosas que antes no. El caminar sin restricciones, el saludar, la charla cotidiana cara a cara y ni que hablar el abrazo, el beso, en fin… la vida misma como la veníamos caminando entre sueños, ideas y horizontes compartidos o en diferencias…eso se llama democracia”
Muchos recordamos en este tiempo de aislamiento y en esta fecha tan especial, el comienzo de una larga noche en nuestra historia, hace ya 44 marzos. Es una sensación rara que conecta a la memoria de estos días como en aquellos. El cuenta muertos de la tele marca ya 20.000 bajas en 174 países, una verdadera tragedia humana. Solo en nuestro país por aquellos tiempos fueron 30.000.
En aquellos días el virus letal; el confinamiento por pensar distinto, sentirse sinónimo de ser un número puesto. Sí, y con ello el miedo paralizante, la fuga y desaparición de muchos cual mancha escondida aún se sigue jugando permanente. Alguna abuela dijo que: “La mancha-escondida termina cuando todos aparecen”. La búsqueda sigue.
Aquellos días como en estos, la soberbia y el descuido de unos con otros también existía. El “a mí no me va a pasar”, “cada uno en la suya”, “algo habrá hecho” frases del miedo, virus del aislamiento anti-solidario. Pero también la otra cara, los jugados hasta la vida misma por el otro. Hoy enfermeros, médicos, fuerzas de seguridad, trabajadores de los alimentos y de la limpieza. Porque ambas caras son de la misma moneda.
Estos días como en aquellos, el encierro desespera y las paredes crujen. Los vínculos pesan mucho más, los roces y las peleas con los otros o con uno mismo aumentan, como contracara el encuentro es más profundo aunque sea forzado, nos des-intoxicamos un poco y nos-des-alienamos otro tanto. La ansiedad juega, la cabeza no descansa, las horas y la rutina se desdibujan día a día. Pero vemos el mundo desde otra distancia, se nos mueve la estantería y las estructuras, damos valor a cosas que antes no. El caminar sin restricciones, el saludar, la charla cotidiana y ni que hablar el abrazo, el beso, en fin… la vida misma como la veníamos caminando entre sueños, ideas y horizontes compartidos, o en diferencias… eso se llama democracia. Después de todo nadie está obligado a pensar como uno. Afuera la incertidumbre, algún virus quizás esté esperando por nosotros y tampoco sabemos si será asintomático, si levantaremos fiebre o si atentará contra nuestra vida. Nos come la cabeza también pensar que se lleve a uno de los nuestros.
Aquellos días como en estos, viejas locas y desamparadas solo con pañuelos blancos de llanto y dolor, fueron a contra-mundo rompiendo el aislamiento del miedo y transformándolo en solidaridad. Se dieron cuenta de que ya no eran solo ellas ni sus hijos y nietos desaparecidos. Era el tiempo de afrontar causas y dolores más grandes de quienes no tienen donde caer muerto, excluidos del sistema, sumergidos en la pobreza, acechados en la enfermedad por el virus, clausurados por los más fuertes, enloquecidos por la cuarentena.
En estos días invocamos a la MEMORIA para aprender de aquellos días en que muchos estuvieron a la altura de la historia con humildad, con responsabilidad sobre los otros y con mucha solidaridad. Enarbolamos a la VERDAD, la misma que nos hace libres, para caminar sanamente con los nuestros en momentos tan difíciles y pedimos por JUSTICIA para que nadie esté por encima de nadie y seamos justos con el otro.
Salgamos entonces aunque no salgamos, a relucir hoy la memoria activa de un pueblo que se quiere y que se cuida aunque sea en la distancia, sabiendo que mañana tendremos abrazos y risas y lágrimas. Llegará el día en que Nunca más el alcohol en gel, el jabón y los barbijos serán necesarios.

Pablo Moledo, docente

Director de la fundación Santa María

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