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ALBERTO,  TIMONEANDO EL CORONAVIRUS

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La tediosa y primordial cuarentena se proyecta como un oscuro y pesado manto sobre el ánimo de los argentinos. El escudo de protección para el COVID-19 es la estricta reclusión social, el aislamiento ciudadano. Bien lo sabe el presidente de la Nación, a la vez que es consciente del creciente hastío poblacional por tan antipática medida, la única a saber que coloca un freno a la ola de infección y muerte que azota a las queridas repúblicas de Italia y España entre otros países del mundo.

El coronavirus trajo tempestad extrema en los mares de la política planetaria. Las decisiones de los gobernantes se ven atrapadas por las garras mortales del monstruoso virus a la vez que la economía mundial se desploma como nunca antes sucedió. El resguardo social de la cuarentena paraliza más aún las finanzas de las naciones. La gente observa la posible escasez de insumos básicos y las familias que pueden acumulan alimentos, remedios y aquellos objetos que pueden necesitar en el seno de una crisis que amenaza con profundizarse. La peste global nos obliga a replantearnos los valores humanos y reeditar los principios éticos que jamás la sociedad debió resignar ante el profano dios del capitalismo salvaje.

Los empresarios se preguntan: ¿Qué producir? Las prioridades viraron bruscamente. ¿Qué venderle a una comunidad deprimida económicamente, temerosa de la más dolorosa bancarrota que se aproxima?

Alberto Fernández, un devoto de la política como ciencia de armonía y bienestar poblacional, cultor del consenso y la concordia, se encuentra sacudido por la necesidad de tomar resoluciones extremas y poco populares para cuidar la salud de los argentinos y los residentes de nuestro argento suelo. Así es que la necesaria cuarentena continuará vigente en las próximas semanas al menos. Luego, los resultados del aislamiento y los gritos desesperados de la imperiosa producción nacional nos guiaran, Dios mediante, a puertos más tranquilos. Hoy hay que aguantar. Continuar resistiendo y educando en la prioridad de evitar contagios.

Alberto timonea la barca de la Nación por mares agitados y revueltos. El capitán guarda  la esperanza de pronto anunciar: “Tierra a la vista” y de tal forma desembarcar en las playas de un futuro de producción venturoso para la patria.

El gobierno Nacional sabe que los subsidios y la ayuda que brindan a la población son bien tomados. Tan bien recibidos como insuficientes. El dinero no le alcanza a nadie.

Todas las fuerzas políticas están apoyando las medidas del gobierno central. Cuidar la vida es una prioridad argentina. Esto hay que destacarlo y fomentarlo. ¡Primero las personas!… La “grieta” quedó arrodillada ante la sensibilidad humana de sobrevivir.

La población debe asumir que mejor son unos días más de aislamiento que la pérdida de la vida de nuestros seres queridos. Responsabilidad, colocando las acciones en el orden adecuado, honrado el tan anhelado Orden Natural.

El sistema capitalista en su arista más despiadada está crujiendo, agoniza de muerte y vocifera toda suerte de blasfemias. El mundo está gestando un nuevo sistema que aún no podemos vislumbrar correctamente. Sentimos que la evolución benigna se hace presente luego de cada catástrofe universal. La esperanza es una fuerza inmensa y arrolladora que ya está en marcha. ¡La humanidad elige vivir!

Luego de este inmenso pesar que nos toca padecer se asoma un más perfecto amanecer para el mundo.

 

Máximo Luppino

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