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ALBERTO, AXEL Y HORACIO, EL CIMIENTO

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La política es la búsqueda constante de consensos para actuar en aras del bien común. La suma de voluntades dinámicas es la construcción de escenarios posibles para que la población de una Nación evolucione y se desarrolle.

El presente de la República descansa en las decisiones de la mesa de trabajo que el mismo Alberto Fernández coordina con Kicillof y Rodríguez Larreta sumando todos los gobernadores del país. Cuando la población aprecia a estos tres altos funcionarios brindar anuncios en conjunto en conferencia de prensa, donde muestran esfuerzos mancomunados, la esperanza y el beneplácito colectivo se tornan palpables, generando una energía social positiva que motoriza la confianza nacional.

La cuarentena continuará con suma atención en CABA y Provincia de Buenos Aires, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que es donde el coronavirus posee su funesta “cabecera de Playa”. La epidemia, como una gran desgracia mundial, se torna más peligrosa aún en los bolsones de suma pobreza de nuestra Nación. Las medidas tomadas en armonía suelen ser de por sí exitosas. En este contexto, el primer mandatario con Kicillof y Larreta acordaron un concreto protocolo para llevar adelante en el uso del transporte público que permitirá flexibilizar la cuarentena con cuidado para los usuarios evitando contagios.

Barrios carenciados, zonas de emergencias, geriátricos y transportes públicos son los focos a combatir para limitar al coronavirus y reducirlo en su infeccioso accionar. Si bien la cuarentena obligatoria permanece, es innegable que la marcha hacia la reactivación económica ha comenzado. Existen provincias “libres” de COVID-19 que transitan sigilosamente el sendero de una actividad productiva con atención a los posibles no deseados contagios. En cuanto a la Provincia de Buenos Aires, ya el gobernador marcó dos grandes realidades: La de comunas del interior donde poco o nada el virus se hizo presente, lugares como Las Flores, Saladillo, Lobos y Necochea donde sólo existe gran prevención. Luego está el conurbano propiamente dicho donde la pelea es barrio por barrio, cuadra a cuadra. Es justo señalar que los intendentes estuvieron a la altura del inmenso drama de la pandemia y trabajaron y trabajan a destajo para cuidar sus poblados.

En el municipio de San Miguel donde residimos vemos al intendente Jaime Méndez y colaboradores ir casa por casa para prevenir y asistir a los vecinos. Lo mismo sucede en José C. Paz, Hurlingham y San Martín donde se trabaja por sobre las identidades partidarias actuando para el bien común de todos sin banderías irritantes. Tal es la monstruosa magnitud del invisible enemigo que nos obligó a vibrar más allá de la funesta grieta que nos dividía. DIOS quiera que esta concordia reine siempre de aquí en más.

Las iglesias no se disputan feligreses, simplemente ayudan; los comedores redoblan sus esfuerzos y los militantes sociales están preocupados por el dolor que ven en sus semejantes.

La solidaridad actual es como un pequeño oasis dentro de un infernal desierto de muerte y dolor. Las proyecciones nos hablan de cifras de pobreza que superan el 50% y de niños con índices de desnutrición por demás alarmantes. Una vez superada la pandemia nos aguarda un desafío no menor, quizás más titánico aún que el del esfuerzo actual, el de trascender la necesidad extrema.

Llamar al patriotismo es compartir comida, tiempo y esfuerzo con el prójimo. Ser un devoto creyente es ayudar a que las ollas de nuestros vecinos estén llenas de alimentos.

Rezar ejerciendo acciones concretas de solidaridad y fraternidad es el trabajo concreto que debemos ejercer. Las discusiones son una pérdida de tiempo y una oscura burla para las familias que no tienen qué comer.

DIOS ilumine a las almas buenas que desean y trabajan para el bien de todos nuestros hermanos.

 

Máximo Luppino

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